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No tengas miedo

Vivir sin miedo no es posible. Y vivir con miedo constante es un tormento. Entonces, inevitablemente, buscamos ese punto intermedio. Ese equilibrio incómodo pero necesario donde el miedo existe, pero no nos paraliza.

Desde chicos, nos asustan los monstruos que crea nuestra imaginación. De grandes, lo que nos asusta son las decisiones. Porque a diferencia de los monstruos, las decisiones sí pueden cambiar todo. Elegir implica renunciar. Implica arriesgar. Implica hacer un cálculo que nunca es exacto.

Tomar decisiones da miedo porque abre caminos que no conocemos. Primero los imaginamos: idealizamos, analizamos, nos angustiamos. Después, nos toca vivirlos. Y si nos equivocamos nos culpamos. Nos hacemos daño. Volvemos una y otra vez a ese momento en el que pudimos haber elegido distinto. Como si eso cambiara algo.

Además, hoy tomar decisiones parece más simple y más complejo que nunca. Tenemos muchísimas opciones. Todas parecen posibles, tentadoras, productivas, exitosas. Y al mismo tiempo, sentimos que si no elegimos “la mejor”, fracasamos. Demasiada presion loco.

Entonces, nos encontramos en un punto en donde descifrar cómo tomar decisiones se vuelve clave. Y para eso, algo que puede ayudarte es entender que no todas las decisiones pesan igual.

Podríamos dividirlas en dos grandes grupos:

1. Decisiones Globales

2. Decisiones de Función

🌍 Decisiones Globales

Son esas que, de alguna manera, moldean tu vida a largo plazo. No necesariamente son irreversibles, pero sí dejan una huella fuerte. Suelen implicar un cambio de rumbo o de identidad.

Ejemples: cambiar de carrera, mudarte a otro país, terminar o iniciar una relación importante, emprender un proyecto grande, elegir tener hijos, dejar un estilo de vida.

Estas decisiones no se toman todos los días, pero cuando llegan, lo cambian todo. Por eso, es normal que den miedo. Y también es lógico que se tomen con más tiempo, más reflexión, y a veces, más silencio.

⚙️ Decisiones de Función

Son las que sostenemos todos los días. No cambian tu identidad, pero sí impactan en cómo vivís lo que ya elegiste. Son microelecciones que hacen al ritmo, al bienestar y a la coherencia de lo que queres en tu vida.

Ejemplos: cómo organizar tu agenda, qué proyectos aceptar o rechazar, cuándo descansar, con quién pasar el tiempo, qué hábitos alimentar.

Estas decisiones, aunque más pequeñas, tienen poder acumulativo. Decidir mal una vez no cambia nada. Decidir mal siempre, te aleja de vos.

Introducción a la Anti-visión

Listo, entendido, pero ¿cómo puedo tomar buenas decisiones?

Parece lógico pensar que para decidir bien solo deberíamos enfocarnos en lo que queremos. Pero hay un camino alternativo que viene desde la experiencia. En especial, de esas malas decisiones que alguna vez tomamos.

Ese camino alternativo es lo que llamamos la Anti-visión.

La anti-visión es un concepto simple: se trata de enumerar todo lo que no querés en tu vida, para poder dar lugar, desde el contraste, a todo lo que sí querés.

En el medio de ese trayecto, como puente entre ambos extremos, están tus decisiones.

La anti-visión no es algo estático. No es un ejercicio que hacés una vez y listo. Lo que no querés hoy, quizás mañana vuelva con otra forma. Pero sigue siendo un gran punto de partida para tomar decisiones con más claridad.

Lets gooooo

Agarrá un cuaderno, un bloc de notas, o el celular. Lo que tengas.

Y simplemente escribí todo lo que ya no querés en tu vida: hábitos, entornos, tratos, personas y también decisiones que no querés volver a repetir. No seas cabezon.

Ahora, un detalle importante: hay cosas que no querés, pero igual van a estar. Y está bien. Eso no es un error. Es parte del juego.

Por ejemplo: no querés sufrir porque tu pareja te dejó. Perfecto. Pero vas a sufrir igual. No se trata de evitarlo. Tenes que ver que hacés con ese dolor.

Sufrir vas a sufrir. Al menos hacé que valga la pena. Pero tranqui, tampoco te comas la cabeza .

Una vez que tengas tu lista de todo lo que no querés, escribí al lado su opuesto. Es decir: lo que, en teoría, sí querés.

Ejemplo como si eligieras una carrera profesional

Entonces, en base a lo que no y a lo que si , escribí al menos 3 acciones que te acerquen a eso que en teoría quieres.

Vos sabés qué tenés que hacer. Y si todavía no lo sabés, está bien. Pero al menos ahora tenés claro que el primer paso es descubrir qué tenés que hacer.

Siguiendo el ejemplo de elegir una carrera universitaria:

Y ahora viene la mejor parte:

Tener miedo. Tomas decisiones ahora es más fácil. Pero y si me equivoco. Equivócate rápido, itera y seguí tu vida. Hay suficiente vida para vivir la vida. También te digo, hay suficiente tormento, para aquellos que no saben elegir.

No tengas miedo.