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Dios como matriz neutra
Hablar de Dios es sumamente complejo. A veces usamos su nombre con ligereza, y otras, para aferrarnos a algo que trasciende nuestro entendimiento. Nos resulta lógico imaginar a Dios como un ser antropomorfo, porque nos reconforrta pensar que “nos ha hecho a su imagen y semejanza”, y que, en cierto modo, se parece a nosotros.
Pero, ¿y si hubiera otra forma de entender a Dios y a la creación? Una concepción más liberadora, que abrace las dualidades de la vida. En estos debates siempre surge la misma pregunta: ¿por qué, si Dios existe, permite el mal, la guerra o la miseria?
Tal vez porque Dios es neutro.
Dios como creador de una matriz neutra.
¿Y si Dios no fuera el creador de las cosas, sino el creador de una matriz neutra de infinitas configuraciones y posibilidades? Es decir, el LOGOS-COSMOS, que permite por defecto todo lo que en ella cabe. Es como si Dios dijera “sí” a todo. Los estoiicos ya hablaban de esto en tiempos pasados. Para ellos, Dios era lo que sostenía todas las posibles transformaciones de la vida.
Entendiendo esto, podemos resolver la duda de por qué Dios permite el mal: porque permite todo lo que es posible dentro de la matriz. Sea bueno o malo.
El amor incondicional de Dios es decirnos “sí” a todo. Dios nos dice que sí a todo, y todo forma parte de las posibilidades de la creación.
Todo ya está contenido en la propia matriz: Amor, Odio, Guerra, Paz, etc. Él nos permite experimentar lo que sea que elijamos. Esto nos da más libertad para preguntarnos, no por qué Dios permite el mal, sino por qué nosotros lo elegimos.
Estamos hechos a imagen y semejanza en la medida en que hacemos lo que Dios nos ha permitido: ser libres de experimentar dentro de una matriz de infinitas posibilidades y configuraciones.
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